Las gárgolas son uno de los símbolos de muchas construcciones en la Edad Media y cuentan con un aspecto algo grotesco y terrorífico, además de estar envueltas en cierta leyenda y mitología.
El origen de estas gárgolas proviene de la Edad Media, cuando el infierno era uno de los temas que más preocupaban a la sociedad y creían en todo tipo de demonios y bestias que atormentaban a los seres humanos. Las primeras gárgolas que se conocieron, fueron nombradas como «grifos» que hacía referencia a los seres fantásticos con forma de animal o mitad humanos.
▾ GÁRGOLAS EN LA ARQUITECTURA
Fue a partir de la Edad Media y con el auge del arte gótico cuando los artistas y arquitectos comienzan a colocar en sus edificios la representación de estos seres, con cabeza y alas de dragón y un cuerpo casi humano, y cuya función era la de expulsar agua de lluvia de los tejados de dichos edificios, para de este modo actuar como un desagüe.
Principalmente se colocaban en las iglesias, y de ahí que todavía se conserven en lugares que son tan emblemáticos como la catedral de Notre Dame, en Francia.
Se cuenta que podrían representar los demonios convertidos en piedra que huían de la iglesia y, por otro lado también se hablaba de que las gárgolas protegían a los feligreses que se encontraban dentro de las iglesias, puesto que su horroroso aspecto creía que ahuyentaba a los espíritus malignos.
En base a esta segunda interpretación de las gárgolas también están las quimeras. No tienen las mismas formas pero son seres terroríficas que cumpliría la misma función.
La gárgola encarnaría también al vigilante de apariencia amenazadora, el ser que acecha en la noche con mirada aberrante y sonrisa cínica para meter miedo en el alma de quienes pasan a su lado.
El oso de la oscuridad 🐻







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