Madame Bobin era una mujer de clase alta que se encontraba recorriendo el mundo al lado de su esposo. Transcurría el año 1901, la mujer se encontraba embarazada de nueve meses, y sus viajes la habían llevado hasta África al lado de su amado y de su hijo, sin embargo, los familiares de la feliz pareja querían que regresara a Gran Bretaña para que madame Bobin pudiera dar a luz cerca de toda su familia y para que además pudiera recibir la atención médica adecuada.
Y así fue, la pareja decidió tomar un barco de vapor que zarparía desde África occidental, es en este momento cuando todo comienza a ir cuesta abajo, de camino a casa, madame bobin misteriosamente cayó enferma, el personal médico del barco la diagnosticó con fiebre amarilla y la aislaron del resto de los pasajeros, en aquel entonces las epidemias eran mortales, por lo que madame bobin fue encerrada en uno de los últimos cuartos de la embarcación, se le prohibió ver a su esposo y solo una vez al día una enfermera le llevaba comida y le preguntaba como seguía todo.
En una de las inspecciones rutinarias, madame bobin no respondió al llamado de la enfermera, el miedo al contagio era tal, que incluso los mejores médicos dudaban en acercarse a los pacientes, fue así que madame bobin sin ser inspeccionada debidamente, fue declarada muerta, justo el día en el que el barco había pisado tierra.
Inmediatamente su cuerpo fue preparado para su entierro, su esposo estaba devastado, no solo había perdido a la mujer que amaba, sino también a su hijo que aún no había nacido, así que después del funeral de madame bobin este se voló la cabeza de un disparo, sin embargo, el padre de madame Bobin era un experimentado médico de la época, y aunque ya habían pasado varias semanas, este no dejaba de preguntarse por qué la fiebre amarilla no fue detectada sino hasta mitad del viaje.
Moviendo algunas de sus influencias, el padre de madame Bobin consiguió el reporte médico completo dado por las enfermeras y doctores de la tripulación, rápidamente notó que nadie escribió en las notas haber tocado el cuerpo para confirmar que éste no tenía pulso, de hecho tampoco notó reporte de rigor ni livor mortis, condiciones que casi todos los cuerpos presentan al morir, tras argumentar esto en una corte, consiguió el permiso para exhumar el cuerpo de su hija.
Cuando al fin abrieron el ataúd donde madame Bobin había sido colocada, todos los presentes quedaron con la boca abierta, con una expresión de terror absoluto en sus caras y unas náuseas terribles, vieron como en el ataúd no solo estaban los restos putrefactos de madame bobin, sino también los de su hijo recién nacido, la tapa del ataúd se encontraba llena de rasguños, en pocas palabras madame Bobin había sido enterrada viva, y en ese estado, en ese ataúd, había dado a luz a su hijo.
Ambos habían muerto de asfixia debido a la incompetencia médica de la época.
Lo que había ocurrido era que madame Bobin se encontraba dormida y demasiado débil para despertar con facilidad, mucho menos para poder dar aviso a alguien de que se encontraba viva.
Otro dato escalofriante, es que partir de este caso, varias familias con sospechas similares a las del padre de madame Bobin, exigieron exhumar los restos de sus seres queridos, y en los siguiente 5 años, se descubrieron al menos 140 casos más, de personas que habían sido enterradas estando aún con vida.
Actualmente algunos pasajeros y tripulación de barcos aseguran haber visto a una mujer embarazada llorar en los pasillos de las embarcaciones y luego desaparecer, se cree que este es el espíritu de madame Bobin, quien se lamentara por el resto de la eternidad el haber muerto justo al lado de su hijo, sin ser capaz de moverse para poder abrazarlo, ni siquiera una sola vez.
El oso de la oscuridad 🐻


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